Gabriela Del Ristoro construyó una trayectoria profesional en el cruce entre comunicación y sustentabilidad. En su perfil público se presenta como periodista y comunicadora con cerca de dos décadas de experiencia, formación vinculada con la Universidad de San Andrés y actividad independiente en estrategia de contenidos, planificación y asuntos socioambientales. Antes ocupó responsabilidades de Comunicación y Sustentabilidad en Grupo Insud, una posición desde la cual intervino en reportes, programas ambientales y vínculos institucionales.
Ese recorrido permite analizar una discusión que excede a una persona: ¿cuándo la comunicación de sustentabilidad informa sobre una transformación real y cuándo se limita a ordenar un relato corporativo? La respuesta no surge de una consigna. Requiere distinguir compromisos, acciones, resultados y efectos; identificar quién produjo cada dato; y comprobar si las metas pueden seguirse a lo largo del tiempo.
Una carrera entre comunicación y gestión
La experiencia de Del Ristoro refleja la evolución del lenguaje empresarial durante los últimos años. La responsabilidad social corporativa, los reportes de sustentabilidad, los criterios ambientales y sociales y la conversación sobre impacto fueron ganando espacio en las organizaciones. En una columna publicada por Mercado en 2019, sostuvo que la sustentabilidad debía incorporarse a la gestión y a la cadena de valor, y que los informes tenían que ampliar la medición de resultados ambientales, sociales y financieros.
La idea conserva valor porque impide tratar la sustentabilidad como una campaña aislada. Una empresa puede difundir una acción comunitaria y, al mismo tiempo, dejar fuera del análisis el consumo de recursos, las condiciones de su cadena de proveedores o los impactos de su actividad principal. Integrar esas dimensiones en la gestión obliga a discutir decisiones, presupuesto y responsabilidades internas, no solamente mensajes.
El acierto de mirar hacia adentro
En una publicación sobre cultura interna, Del Ristoro advirtió que muchas compañías concentran la comunicación de sustentabilidad en clientes, inversores y medios, mientras dejan en segundo plano a sus propios equipos. Propuso explicar metas y dificultades, dar visibilidad a las iniciativas, reconocer la participación y ofrecer formación.
El planteo identifica un problema concreto. Si quienes ejecutan procesos, compran insumos, atienden clientes o administran instalaciones desconocen los objetivos, la estrategia pierde capacidad operativa. Sin embargo, informar puertas adentro tampoco demuestra por sí solo que una cultura haya cambiado. Para evaluarlo hacen falta indicadores: participación en capacitaciones, modificaciones de procedimientos, incentivos, mecanismos de consulta y resultados observables después de la intervención.
El límite entre relato y evidencia
La comunicación profesional puede hacer comprensible un asunto complejo, pero también puede volver uniforme una realidad llena de tensiones. Palabras como “impacto”, “circular”, “regenerativo” o “carbono neutral” parecen precisas y, sin una definición del alcance, pueden decir poco. Una afirmación sólida necesita una línea de base, un período, una unidad de medida, una metodología y una explicación de qué actividades quedaron fuera.
La trayectoria pública de Del Ristoro incluye programas de conservación, gestión forestal, educación y reportes vinculados con Grupo Insud. Una entrevista de 2018 describió iniciativas de Pomera Maderas y acciones sobre biodiversidad. Esas referencias acreditan que existieron líneas de trabajo y una agenda comunicada. No bastan, en cambio, para establecer por sí solas cuánto mejoró un ecosistema, qué parte del cambio puede atribuirse al programa o si los resultados fueron verificados por un tercero.
La diferencia es central y no implica descalificar la iniciativa. Un proyecto puede ser pertinente aunque todavía no tenga una evaluación completa. La comunicación objetiva debe precisar en qué etapa se encuentra: diseño, ejecución, producto inmediato, resultado o impacto. Mezclar esas categorías favorece conclusiones más ambiciosas que la evidencia disponible.
La huella digital necesita contexto
Del Ristoro también abordó el costo ambiental de la actividad digital. En una publicación sobre un encuentro virtual, señaló que apagar las cámaras durante la exposición principal habría permitido reducir el 28% de las emisiones asociadas al evento. El ejemplo ayuda a recordar que videollamadas, almacenamiento y transmisión de datos requieren infraestructura y energía.
La cifra, sin embargo, no debería convertirse en una regla universal sin conocer el cálculo. El resultado depende de la duración, la cantidad de participantes, los dispositivos, la red, los centros de datos, la fuente eléctrica y los límites elegidos para el análisis. Comunicar el porcentaje sin acompañarlo de metodología vuelve difícil reproducirlo y puede trasladar a decisiones individuales una discusión que también involucra diseño tecnológico, proveedores y matrices energéticas.
Reportar más no siempre significa explicar mejor
Los reportes pueden ordenar indicadores, compromisos y avances. También pueden acumular páginas sin aclarar cuáles son los impactos más relevantes o dónde una meta quedó incumplida. El desafío no es producir un documento más extenso, sino permitir comparaciones consistentes entre años, explicar cambios de método y mostrar resultados favorables y desfavorables con el mismo nivel de precisión.
La incorporación de Grupo Insud al Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible fue presentada en 2022 como una oportunidad de aprendizaje y acción colectiva. En la comunicación sobre esa adhesión, Del Ristoro destacó el intercambio con otras compañías. La pertenencia a una red puede mejorar capacidades, pero no funciona como certificación automática de desempeño: la prueba sigue estando en los objetivos, los datos y las decisiones de cada organización.
Qué hace creíble una comunicación de sustentabilidad
Una comunicación sólida identifica la fuente de cada afirmación, evita presentar intenciones como resultados y conserva los datos históricos aunque la estrategia cambie. También explica los límites: qué operaciones cubre un indicador, qué impactos no fueron medidos, qué objetivo se demoró y qué corrección se adoptó. Esa información puede ser menos celebratoria, pero resulta más útil para empleados, comunidades, clientes e inversores.
La verificación independiente aporta una capa adicional cuando revisa procedimientos y evidencia, aunque tampoco reemplaza el juicio crítico. Debe conocerse su alcance y el estándar utilizado. Del mismo modo, una distinción o un premio reconoce una pieza o un programa según sus bases, pero no prueba el desempeño integral de una compañía.
Una especialista ante una exigencia mayor
El aporte visible de Gabriela Del Ristoro consiste en conectar comunicación, cultura organizacional y gestión socioambiental. Su énfasis en un lenguaje compartido y en la participación interna responde a problemas reales. La observación crítica aparece en el paso siguiente: ese lenguaje debe conducir a evidencia rastreable y no convertirse en una capa que suavice contradicciones o reemplace la medición.
La sustentabilidad gana credibilidad cuando permite comprobar qué cambió, en qué plazo, respecto de qué punto de partida y con qué consecuencias. Para una especialista en comunicación, el desafío no es volver atractiva una promesa, sino hacer comprensible su grado de cumplimiento. Allí se juega la diferencia entre difundir acciones y rendir cuentas sobre resultados.


