Un taller internacional de taxonomía identificó 57 especies y cinco géneros potencialmente nuevos a partir de muestras recolectadas en el cañón submarino de Mar del Plata. El resultado amplía el conocimiento sobre la biodiversidad del Atlántico Sur y confirma el valor científico de una zona profunda donde convergen corrientes con temperaturas y nutrientes diferentes. También abre una etapa menos visible: describir, comparar y publicar cada organismo para que la comunidad científica valide su clasificación.

El Schmidt Ocean Institute comunicó que 20 especialistas y jóvenes investigadores trabajaron durante dos semanas con ejemplares obtenidos principalmente en la campaña Talud Continental IV. El equipo reconoció 20 especies de copépodos, 22 equinodermos, 14 cnidarios y un crustáceo, además de cinco posibles géneros distribuidos entre corales, pepinos de mar y crustáceos.

De una expedición de 2025 al laboratorio

Las muestras proceden de la expedición realizada entre el 23 de julio y el 12 de agosto de 2025 a bordo del buque Falkor (too). Según la ficha oficial de Talud Continental IV, el vehículo operado de manera remota SuBastian permitió observar y recolectar organismos del fondo sin depender únicamente de redes de arrastre. Las inmersiones llegaron a sectores de gran profundidad y mostraron comunidades de corales, esponjas, crustáceos y equinodermos en su ambiente.

La transmisión pública de las exploraciones convirtió a algunos animales en figuras populares, pero el trabajo científico continuó después de las imágenes. Cada muestra debió conservarse, catalogarse y asignarse a especialistas. En julio de 2026, el taller organizado en la Universidad Maimónides reunió capacidades de Ocean Census, CONICET, el Museo Argentino de Ciencias Naturales y otras instituciones para acelerar la comparación taxonómica.

Qué significa identificar una especie nueva

Una identificación inicial indica que los rasgos del ejemplar no coinciden con especies conocidas en las referencias disponibles. Los investigadores examinan forma, estructuras microscópicas y, cuando es posible, secuencias genéticas. También comparan colecciones de museos y descripciones publicadas. Si las diferencias son consistentes, preparan una descripción formal, designan un ejemplar de referencia y proponen un nombre conforme a las reglas internacionales.

Por eso, la expresión “57 nuevas especies” resume un resultado científico sólido del taller, pero no significa que las 57 ya tengan nombre y publicación definitiva. Algunas están registradas todavía con la abreviatura “sp.”, que señala una especie dentro de un género aún no determinada formalmente. Los cinco géneros requieren una justificación adicional, porque implican reconocer linajes que no encajan en categorías genéricas existentes.

Un ambiente moldeado por dos corrientes

El cañón está influido por la confluencia Brasil-Malvinas. Una corriente transporta aguas cálidas y salinas desde el norte; la otra lleva aguas frías y ricas en nutrientes desde el sur. Esa interacción redistribuye calor, mueve materia orgánica y genera condiciones variables a lo largo del relieve submarino. La profundidad, las paredes del cañón y los sedimentos agregan hábitats para organismos con adaptaciones muy distintas.

El valor del área no se limita a la cantidad de especies. Conocer quién vive allí ayuda a estudiar redes alimentarias, distribución geográfica y respuestas a cambios ambientales. Los corales de aguas profundas pueden formar estructuras utilizadas por otros animales; copépodos y pequeños crustáceos cumplen funciones relevantes en el flujo de energía. Sin inventarios básicos, resulta difícil detectar pérdidas o diseñar medidas de manejo.

Por qué 57 no es un censo completo

El número anunciado corresponde a los grupos y ejemplares revisados durante una instancia de análisis, no a toda la biodiversidad del cañón. Infobrisas informó que, en uno de los conjuntos de pequeños crustáceos, sólo se había estudiado cerca del 10% del material disponible. Esa proporción sugiere que podrían aparecer más candidatos, pero no permite estimar de antemano cuántos serán confirmados.

También hay límites de muestreo. Una campaña observa puntos determinados durante un período corto; otras estaciones, profundidades o sustratos pueden albergar comunidades diferentes. La ausencia de un organismo en las muestras no demuestra que no exista en la región. Del mismo modo, un ejemplar llamativo no informa por sí solo si su población es abundante, escasa o vulnerable.

La investigación también ofrece una base para futuras comparaciones. Si nuevas expediciones repiten métodos y documentan los mismos sitios, será posible observar cambios en la composición de las comunidades. Esa continuidad es indispensable para separar variaciones naturales de impactos asociados con actividades humanas o con el clima.

El paso siguiente: describir y compartir

Los investigadores deberán completar análisis morfológicos y genéticos, revisar antecedentes y publicar las descripciones. El depósito de ejemplares en colecciones accesibles permite que otros especialistas reproduzcan las comparaciones. El registro en plataformas abiertas facilita relacionar cada hallazgo con imágenes, ubicación, profundidad y datos de la expedición.

El balance ya es relevante: una campaña conducida con participación argentina generó materiales que sostienen decenas de hipótesis taxonómicas y nuevas colaboraciones. Su alcance debe comunicarse con precisión. Hay 57 especies y cinco géneros reconocidos como nuevos por el equipo de trabajo; la formalización individual seguirá el proceso de revisión científica. Esa combinación de entusiasmo y cautela no reduce el hallazgo: muestra cómo una observación del fondo oceánico se convierte, paso a paso, en conocimiento verificable.