Una carrera que cambió de dirección

Nicolás Urricelqui tiene 27 años, se formó como compositor para cine y medios interactivos y acaba de instalarse en Los Ángeles. Antes de ese recorrido había estudiado Administración de Empresas en Buenos Aires y producía música electrónica bajo el nombre MUNSE. La transición no fue un abandono repentino: sus pistas comenzaron a incorporar cuerdas, espacios sin percusión y texturas que él asociaba con imágenes. Esa evolución lo llevó a buscar una formación específica.

El perfil publicado por LA NACION reconstruye ese camino desde San Isidro hasta Berklee College of Music. Urricelqui se mudó a Boston en 2022 y se graduó con honores. Durante su último año recibió la Beca Conmemorativa Georges Delerue, un reconocimiento del departamento de composición audiovisual. El premio acredita una evaluación académica; no garantiza una carrera estable ni sustituye los créditos profesionales que deberá construir proyecto por proyecto.

Qué hace un compositor cuando la imagen cambia

La música para una película o una serie no se desarrolla aislada del montaje. Una escena puede acortarse, cambiar su ritmo o perder un plano después de que la partitura ya fue escrita. El compositor y el editor musical deben ajustar entradas, silencios y transiciones para que la música conserve sentido. Urricelqui conoció ese trabajo durante su colaboración con el equipo del español Lucas Vidal, ganador de premios Goya y Emmy.

En la serie El Inmortal participó en edición musical, una función poco visible que conecta las decisiones del realizador con las del compositor. También colaboró en la orquestación y preparación de partituras de Las Azules. Ese proyecto lo llevó al Vienna Synchron Stage, en Austria, donde intervino en sesiones con orquesta. La experiencia permite entender que una banda sonora combina composición, preparación técnica, coordinación y capacidad de responder a cambios.

De la computadora a una orquesta completa

Una prueba decisiva de su formación fue la grabación de Poseidón, una pieza imaginada como el encuentro entre Odiseo y el dios del mar. Urricelqui dirigió una orquesta durante una sesión reservada a un grupo reducido de estudiantes. El ejercicio concentró meses de escritura y práctica en media hora. Su valoración fue concreta: el resultado sonó como lo había imaginado y el final produjo alivio después del esfuerzo.

El programa de Film and Media Scoring de Berklee describe una formación que integra composición, tecnología, producción y trabajo con intérpretes. Ese marco institucional ayuda a ubicar la experiencia, aunque los detalles personales y los proyectos atribuidos a Urricelqui proceden de su testimonio y de la reconstrucción periodística. Mantener esa diferencia evita presentar una entrevista de perfil como un registro exhaustivo de créditos.

Primero la historia, después las notas

Su método comienza por comprender qué necesita la narración. Antes de escribir, identifica los momentos centrales: una escena de acción, un vínculo afectivo, un giro o el final. Luego define motivos, armonías e instrumentos. La música puede reforzar una emoción, contradecirla o anticipar algo que la imagen todavía no muestra. Si se limita a ocupar un silencio, pierde parte de su función dramática.

Urricelqui trabaja tanto con instrumentos acústicos como con sintetizadores. Un equipo semimodular sin sonidos preconfigurados le permite diseñar combinaciones propias. Esa búsqueda conecta su pasado electrónico con la orquestación. El objetivo no es demostrar variedad técnica, sino construir un mundo sonoro particular para cada historia. La herramienta importa cuando modifica la experiencia del espectador, no por su novedad aislada.

Los proyectos que siguen

Desde Los Ángeles comparte un estudio con dos colegas de Berklee. Entre sus trabajos en desarrollo figura la música de El Fotógrafo, un thriller político argentino dirigido por Ramiro Biera y ambientado en la noche electrónica porteña. La película está en preproducción, por lo que reparto, fechas y alcance comercial pueden cambiar. También trabaja en un videojuego y busca incorporarse a nuevas producciones argentinas e internacionales.

El traslado a Hollywood amplía contactos y acceso a proyectos, pero no equivale por sí mismo a una consagración. La industria combina relaciones profesionales, encargos temporales y procesos que pueden interrumpirse. Presentar el momento como una carrera ya consolidada exageraría la evidencia. Lo comprobable es una formación especializada, colaboraciones identificadas, experiencia orquestal y trabajos en preparación.

El valor de una tarea que debe integrarse

Una buena banda sonora puede resultar memorable, aunque dentro de la película necesita funcionar como parte del relato. Uno de los principios que Urricelqui recibió de sus profesores fue que el centro no es la música del compositor, sino la obra audiovisual. Esa idea exige renunciar a soluciones llamativas cuando distraen de la escena y aceptar revisiones que responden a decisiones de montaje.

Su recorrido muestra varias capas de un oficio que suele reducirse al nombre que aparece en los créditos finales: edición, orquestación, dirección, diseño sonoro y conversación con quienes filman. De San Isidro a Los Ángeles, el cambio más relevante no es geográfico. Es el paso de producir piezas autónomas a crear música subordinada a una historia, con la ambición de que imagen y sonido terminen pareciendo inseparables.