La despedida de un fundador

Ricardo Soulé murió el viernes 2 de octubre a los 76 años. La noticia fue comunicada por su familia, que señaló que el músico se fue en paz y acompañado. Semanas antes había anunciado una pausa en sus presentaciones por un problema de salud y había pedido privacidad. Fue cantante, compositor, guitarrista y violinista, integrante fundador de Vox Dei y autor de canciones que entraron en el repertorio común del rock argentino.

La confirmación llegó a LA NACION a través de allegados y también fue difundida por su hija María Victoria. La causa médica no fue informada públicamente. Respetar ese límite es parte de la precisión: existe un fallecimiento confirmado y un receso previo por salud, pero no corresponde completar el dato con diagnósticos no comunicados por la familia.

De Quilmes a la primera generación del rock

Vox Dei se formó hacia fines de los años sesenta en Quilmes con Soulé, Willy Quiroga, Rubén Basoalto y Juan Carlos Godoy. El grupo apareció cuando el rock cantado en castellano comenzaba a consolidar una identidad propia en la Argentina. Su sonido combinó blues, guitarras eléctricas, armonías vocales y una escritura que podía pasar de escenas cotidianas a preguntas espirituales sin abandonar la estructura de canción popular.

Soulé aportó una voz aguda, una guitarra reconocible y buena parte de la composición. “Presente (El momento en que estás)” condensó su modo de escribir: una reflexión sobre el tiempo y la pérdida sostenida por una melodía directa. Con los años fue interpretada por artistas de generaciones y géneros diferentes, y su estribillo dejó de pertenecer solo a los seguidores de Vox Dei.

La Biblia, una obra sin precedente local

En 1971 el grupo publicó La Biblia, su segundo álbum. El disco desarrolló una lectura musical de textos de las Escrituras y suele ser reconocido como el primer álbum conceptual del rock argentino. La ambición no estaba únicamente en el tema: las canciones fueron pensadas como partes de un recorrido que iba desde la creación hasta el final de los tiempos, con motivos que reaparecían y una continuidad narrativa poco habitual en la producción local.

La obra sobrevivió a su época mediante reediciones, conciertos completos y arreglos sinfónicos. En 2023, la Secretaría de Cultura presentó una versión de Soulé y La Bestia Emplumada junto a la Sinfónica Juvenil Nacional José de San Martín. Ese cruce mostró que el material podía ampliar su instrumentación sin perder la arquitectura de canciones creada medio siglo antes.

Entradas, salidas y una carrera propia

La relación de Soulé con Vox Dei tuvo etapas. Se alejó, regresó y desarrolló discos y grupos propios. Esa discontinuidad no borró su identificación con el repertorio inicial; al contrario, le permitió revisarlo desde otras formaciones y sumar violín a un lenguaje dominado por la guitarra. Su obra solista exploró relatos históricos, espiritualidad y formas de rock más cercanas al folk y al blues.

En los años ochenta retomó un proyecto inspirado en el Cid Campeador y publicó Romances de gesta. Más tarde vivió en España y volvió a la Argentina para nuevas reuniones. En 1997 participó de una segunda grabación de La Biblia. Las idas y vueltas reflejan diferencias artísticas y cambios personales, pero también la persistencia de un catálogo que seguía convocando públicos aun cuando la formación original ya no era estable.

Un compositor entre lo sagrado y lo cotidiano

La dimensión religiosa de algunas canciones no convirtió toda su obra en música litúrgica. Soulé trabajó con imágenes bíblicas como materia poética y, al mismo tiempo, escribió sobre amor, ausencia, paso del tiempo y conflicto social. Esa convivencia explica parte de su alcance: las piezas admiten una escucha espiritual, histórica o simplemente musical sin exigir una única interpretación.

Su rol instrumental también fue amplio. Alternó guitarra, violín, armónica y voz, y mantuvo una concepción de banda en la que la canción estaba por encima del lucimiento individual. En vivo podía extender arreglos o endurecer el sonido, pero el centro seguía en la estructura melódica. Esa combinación ayudó a que temas nacidos en la primera década del rock nacional continuaran funcionando sin depender de una reconstrucción nostálgica exacta.

La herencia de Presente

“Presente” se volvió una canción de despedidas, actos escolares, recitales y reuniones. Su circulación excedió a Vox Dei y convirtió una composición personal en pieza de memoria colectiva. Ese tipo de permanencia no puede medirse solo por ventas o rankings: aparece en versiones, usos sociales y en la capacidad de una letra para seguir siendo reconocida por oyentes que nacieron después de su lanzamiento.

El riesgo de toda despedida es reducir una trayectoria extensa a dos títulos. La Biblia y “Presente” son puertas de entrada, no un resumen total. Soulé sostuvo proyectos, regresó a los escenarios y buscó nuevas formas para una obra que nunca trató como museo. El concierto sinfónico de 2023 es un ejemplo reciente de esa voluntad de relectura.

Qué queda después de su muerte

La muerte cierra la posibilidad de nuevas presentaciones, pero no fija una versión definitiva del músico. Quedan las grabaciones originales, los discos solistas, los conciertos y las reinterpretaciones. También queda una pregunta que atravesó su trabajo: cómo convertir asuntos enormes —el origen, la fe, el tiempo y la muerte— en canciones que puedan ser cantadas por cualquiera.

Su familia definió la obra como eterna en el mensaje de despedida. En términos verificables, esa continuidad depende ahora de archivos, reediciones, derechos cuidados y nuevas escuchas. Soulé ocupó un lugar fundador y siguió revisándolo durante casi seis décadas. Su legado no reside solamente en haber estado al comienzo, sino en haber creado piezas capaces de abandonar ese momento histórico y seguir presentes.