El trabajo de Guadalupe Murga se mueve entre dos lenguajes que no siempre avanzan al mismo ritmo: la investigación científica y la producción agrícola. Formada como bioingeniera en Tucumán, convirtió esa distancia en el punto de partida de Sylvarum, una empresa que desarrolla tratamientos para mejorar la calidad de las semillas mediante tecnología eléctrica. Su recorrido combina formación universitaria, experimentación y una pregunta práctica: cómo llevar un hallazgo de laboratorio a una solución que pueda probarse en condiciones reales.
Una formación científica en Tucumán
En 2019, la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán la designó abanderada por su desempeño como estudiante de Ingeniería Biomédica. MIT Technology Review en español señaló que ese año obtuvo el mayor promedio de su facultad. El reconocimiento académico fue una estación importante, aunque su trayectoria no quedó confinada al aula ni al laboratorio: también buscó ampliar su formación con experiencias en otros sistemas científicos.
Murga fue becaria de Friends of Fulbright, realizó un intercambio académico en la Universidad de Nuevo México y participó en el programa de la Fundación Botín para la Función Pública en América Latina. Esa circulación amplió su experiencia más allá de la formación técnica y la acercó a otras redes de conocimiento y gestión.
Del laboratorio a una empresa de base científica
El proyecto que luego se convirtió en Sylvarum tomó forma durante la pandemia. En un relato publicado por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, el empresario tucumano Manuel Sobrino cuenta que buscaba trasladar una idea de estimulación eléctrica de plantas a un desarrollo tecnológico. Murga se sumó para trabajar en el hardware y el software necesarios para generar pulsos electromagnéticos. El equipo armó sus primeros prototipos en instalaciones de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNT y comenzó una etapa de pruebas y ajustes.
En la primera etapa, el equipo aplicó electroestimulación a cultivos hidropónicos. La convocatoria israelí describió en 2023 un sistema que combinaba parámetros electromagnéticos diseñados con inteligencia artificial, electrodos y sensores de pH, humedad, temperatura y conductividad. En el desarrollo participaron investigadores como Karina Balestrasse y Leandro Prevosto, cuyas investigaciones anteriores dieron base científica a la aplicación.
De la electroestimulación al tratamiento de semillas
Con el tiempo, Sylvarum amplió el foco desde los cultivos controlados hacia el tratamiento de semillas para agricultura extensiva. La compañía presenta hoy una tecnología de plasma no térmico que aplica descargas eléctricas controladas antes de la siembra. Según la descripción de la empresa, el proceso es seco y no modifica genéticamente la semilla; su objetivo declarado es mejorar vigor, germinación y control de patógenos asociados a la semilla.
El cambio no elimina el desafío científico: cada cultivo, variedad y contexto puede responder de manera distinta. En julio de 2026, Murga explicó a AgFunderNews que la receta de plasma debe ajustarse a cada semilla y que un tratamiento inadecuado puede dañarla. La empresa matriz del medio es inversora de Sylvarum, según la propia publicación; ese vínculo aconseja atribuir con claridad las afirmaciones comerciales.
La validación combina pruebas de laboratorio y de campo. Los ensayos deben distinguir entre resultados de una variedad concreta y una promesa general; integrar equipos en plantas de procesamiento también exige resolver escala, logística y compatibilidad con procesos existentes.
Tres hitos en la trayectoria
- 2023 · Israel Innovation AwardsSylvarum fue elegida ganadora entre diez finalistas de 76 proyectos postulados.
- 2025 · MIT Innovators Under 35Murga fue reconocida entre los 35 innovadores de América Latina.
- 2026 · LEGADOSylvarum quedó entre las diez startups ganadoras del programa regional de Bayer Foundation y Endeavor.
Reconocimientos para una carrera en desarrollo
Los premios registran etapas distintas y no equivalen todos a una distinción personal. En 2023, Sylvarum ganó la octava edición de los Israel Innovation Awards, organizada por el Ministerio de Ciencia, la Cámara de Comercio Argentino Israelí y la Embajada de Israel. En 2025, MIT Technology Review reconoció a Murga entre los Innovadores menores de 35 de América Latina.
En 2026 la compañía también fue seleccionada entre las diez ganadoras de LEGADO, programa de Bayer Foundation y Endeavor que reunió 625 postulaciones de diez países, según el anuncio de Bayer. El resultado da visibilidad a una iniciativa nacida en Argentina y abre conexiones con redes de innovación; no resuelve por sí solo la validación ni la escala del producto. Esa diferencia entre reconocimiento y adopción comercial forma parte del momento actual de la empresa.
El desafío de demostrar y escalar
Una nota de El Ecosistema Startup publicada en septiembre de 2026 informó que Sylvarum tenía siete empleados, realizaba pruebas con productores y semilleras —entre ellas, ACA y ERSA— y apuntaba a un lanzamiento comercial en 2027. También consignó más de un millón de dólares en financiamiento. Son datos atribuidos a la empresa y describen una fase de validación: no significan que la tecnología ya esté extendida en el mercado ni que los resultados sean iguales para todas las semillas.
Ese es el umbral que Murga y su equipo tienen por delante: convertir pruebas puntuales en evidencia reproducible, integrar equipos en líneas industriales y mostrar que la solución funciona de manera consistente para distintos lotes y cultivos. La posibilidad de reducir insumos o rescatar semillas con bajo desempeño es relevante para el sector, pero depende de resultados medibles y de una implementación que resulte conveniente para quienes producen.
Una motivación entre ciencia y aplicación
En 2024, durante una presentación en Experiencia Endeavor NOA, Murga describió la dificultad de combinar investigación y actividad empresarial. La Gaceta recogió su frase: “Emprender en ciencias es difícil porque ciencia y negocios no suelen ir de la mano, pero me apasiona”. La declaración condensa una tensión que atraviesa su recorrido: sostener el rigor experimental y, al mismo tiempo, construir una organización capaz de llevar sus desarrollos a la producción.
La decisión de cruzar disciplinas
La bioingeniería le dio herramientas para investigar; el trabajo con emprendedores le abrió un modo de acercar ese conocimiento a problemas productivos. Su perfil se construye en ese cruce, más que en una promesa de éxito ya consumada.
Una apuesta que todavía se mide en campo
El aporte potencial de esta trayectoria está en conectar ciencia local y agricultura a escala. Que esa apuesta se convierta en impacto dependerá de validaciones transparentes, resultados consistentes y una adopción que responda a necesidades reales del sector.
Momentos clave
- Fue abanderada de la FACET-UNT y destacada por su promedio académico.
- Se incorporó al desarrollo de los primeros prototipos de Sylvarum en Tucumán.
- La startup ganó los Israel Innovation Awards.
- Fue seleccionada por MIT Technology Review entre los Innovadores menores de 35 de América Latina.
- Sylvarum fue elegida entre las ganadoras de LEGADO y avanzó con pilotos en semillas.


