Sebastián Jesús María Gallone reunió dos recorridos que, a primera vista, parecen pertenecer a mundos diferentes: la precisión técnica de la aviación y una búsqueda religiosa que terminó por expresarse de manera pública. Su historia conocida permite reconstruir el paso desde los primeros trabajos vinculados con aviones hasta el pilotaje profesional, y desde una educación cristiana evangélica hasta su incorporación consciente a la Iglesia católica.
Una vocación de vuelo construida por etapas
La trayectoria aeronáutica no comenzó en una cabina militar. Una crónica de La Trocha, basada en una carta de su padre, relata que Gallone trabajó como remisero, en una compañía de seguros y cargando tanques de aeronaves utilizadas en tareas rurales. Después obtuvo las licencias de piloto privado y piloto comercial de avión, y llegó a desempeñarse en taxi aéreo con un bimotor.
Más tarde ingresó al Ejército Argentino como subteniente y fue destinado al Escuadrón de Aviación de Exploración y Ataque 602. Allí se habilitó en el helicóptero Bell UH-1H. La misma reconstrucción señala que, ya con el grado de teniente, pasó a la Policía de la Ciudad y posteriormente al escuadrón aéreo. Son etapas distintas, unidas por una disciplina común: preparación, evaluación constante y decisiones sometidas a procedimientos.
La condición de piloto comercial no es una descripción informal. La Administración Nacional de Aviación Civil explica que la Parte 61 de las Regulaciones Argentinas de Aviación Civil fija requisitos, atribuciones y limitaciones para cada licencia y habilitación. Ese marco ayuda a dimensionar la palabra “experto”: supone instrucción, experiencia registrada y controles de competencia, no solamente familiaridad con una aeronave.
El rescate que mostró la dimensión del oficio
En diciembre de 2023, Gallone quedó asociado públicamente con la localización de un joven perdido en la Reserva Ecológica Costanera Sur. De acuerdo con la crónica local, el helicóptero participó durante casi dos horas de la búsqueda hasta encontrarlo deshidratado entre la vegetación. El episodio ofrece un dato concreto sobre su actividad operativa, aunque no autoriza a atribuirle por extensión misiones, condecoraciones o cargos que no aparecen respaldados en registros accesibles.
Un rescate aéreo exige observar el terreno, sostener la coordinación con otros equipos y administrar combustible, meteorología y márgenes de seguridad. En ese punto, el oficio del piloto se aleja de la imagen romántica del vuelo: la pericia se mide en la capacidad de seguir un método cuando el tiempo apremia. Esa cultura de responsabilidad atraviesa también el modo en que Gallone narró su búsqueda espiritual.
De la formación evangélica a la Iglesia católica
En El camino a la verdad. Un cristiano evangélico de regreso a la Iglesia Católica, libro autobiográfico publicado en 2021 por Editorial Santiago Apóstol, Gallone cuenta que recibió una formación protestante desde la infancia. También recuerda la presencia de prácticas católicas en su familia, como las visitas al santuario de Lourdes de Santos Lugares, en una convivencia que durante años le produjo preguntas y tensiones.
Su relato ubica un momento significativo durante la formación en el Colegio Militar: acompañó a su entonces novia a la peregrinación a Luján. La caminata no aparece como una conversión instantánea, sino como parte de un proceso de lectura, discusión y catequesis. Gallone presenta su llegada al catolicismo como la consecuencia de una investigación personal sobre la Biblia, la historia de la Iglesia, la tradición y el magisterio.
Conviene precisar una expresión. En el derecho canónico, un “religioso profeso” es quien emitió votos dentro de un instituto de vida consagrada. Las fuentes públicas consultadas describen a Gallone como laico católico, autor y participante de apostolado; no acreditan votos religiosos ni pertenencia a una orden. Por eso, su perfil puede definirse con rigor como el de un creyente profesante y practicante, sin asignarle una condición canónica diferente.
Fe, convocatoria y multitudes
La idea de “movilizar multitudes” debe entenderse en su contexto. La experiencia narrada por Gallone se vincula con peregrinaciones y comunidades numerosas, y su libro busca ofrecer argumentos a quienes atraviesan dudas semejantes. Sin embargo, no hay cifras públicas que permitan medir una convocatoria individual ni demostrar que una multitud determinada se reunió por iniciativa exclusiva suya.
Su influencia religiosa se reconoce mejor en el terreno del testimonio: convertir una experiencia íntima en un relato destinado a circular, conversar y persuadir. El índice del libro culmina con capítulos dedicados al “apostolado”, señal de que la conversión no quedó presentada como un asunto privado. La palabra escrita se vuelve allí una herramienta de encuentro, capaz de acompañar comunidades sin necesidad de reemplazar la labor pastoral de sacerdotes, parroquias o movimientos.
Dos disciplinas que comparten una ética
El vuelo y la fe ocupan planos diferentes, pero en la biografía de Gallone comparten hábitos: estudio, examen de conciencia, respeto por una autoridad y voluntad de servicio. En la aviación, una convicción personal nunca sustituye una lista de comprobación. En la vida religiosa, su propio libro propone confrontar las convicciones heredadas con documentos, historia y acompañamiento. Esa comparación ayuda a explicar la coherencia que él encuentra entre ambas vocaciones.
Lo verificable permite definir a Sebastián Gallone como piloto comercial, exintegrante de la Aviación de Ejército, protagonista de una operación de búsqueda difundida públicamente y autor de un libro de conversión al catolicismo. La escala exacta de su convocatoria religiosa permanece sin medición independiente. Su singularidad está en haber llevado una vida atravesada por dos formas de compromiso: la seguridad de quienes dependen de una aeronave y la transmisión pública de la fe que eligió profesar.


