Una población mayor que también envejece por dentro

La discusión sobre envejecimiento suele reducirse a cuántas personas superan los 60 años. El nuevo dosier del INDEC agrega una dimensión decisiva: dentro de ese grupo aumenta el peso de quienes tienen 75 años o más. Esa franja representaba el 23,7% de las personas mayores en 1980 y llegó al 30,3% en 2022. El cambio obliga a pensar políticas distintas para una etapa vital cada vez más extensa y heterogénea.

El Dosier estadístico de personas mayores 2026 reúne censos, encuestas de hogares y registros sanitarios. No es una fotografía tomada en un único año: compara series históricas y usa las fuentes más recientes disponibles para cada asunto. Por eso conviven datos del Censo 2022, indicadores laborales de 2025 y causas de muerte de 2024. Leer cada fecha evita mezclar períodos como si fueran simultáneos.

Vivir solo, en pareja o con otras generaciones

Los arreglos de convivencia muestran diferencias marcadas por edad y sexo. Entre las personas de 75 años y más, los varones tienden en mayor medida a integrar hogares unigeneracionales, mientras las mujeres aparecen más frecuentemente viviendo solas o en hogares multigeneracionales con hijos y nietos. Esa brecha se relaciona con trayectorias de pareja, viudez y una mayor supervivencia femenina, pero el informe describe patrones y no atribuye una causa única.

La situación conyugal refuerza la diferencia. En el tercer trimestre de 2025, 66 de cada 100 varones de 60 años o más estaban casados o unidos, frente a 42 de cada 100 mujeres. El dato es relevante para organizar redes de cuidado: vivir con otra persona puede facilitar apoyo cotidiano, aunque no garantiza que las necesidades estén cubiertas. Vivir solo tampoco implica automáticamente aislamiento, porque las redes familiares y comunitarias exceden el hogar.

Más hogares mayores alquilan

La vivienda introduce otra señal de cambio. Entre los hogares cuyo jefe o cónyuge tenía 60 años o más, la proporción de inquilinos pasó de 6,6% en 2001 a 8,5% en 2010 y 11,2% en 2022. Al mismo tiempo, la propiedad continuó siendo el régimen predominante. La tendencia importa porque un alquiler mensual consume ingresos que, en la vejez, suelen depender en mayor medida de jubilaciones o pensiones.

El aumento no permite concluir por sí solo que todos esos hogares hayan perdido una propiedad. Puede reflejar cambios demográficos, movilidad, separación, acceso desigual a la vivienda o decisiones familiares. Sí muestra que las políticas para personas mayores no pueden suponer que la tenencia está resuelta. Contratos, accesibilidad, cercanía a servicios y estabilidad residencial pasan a formar parte de la seguridad económica.

Jubilación y trabajo conviven

En 2025, la tasa de actividad de la población en edad jubilatoria alcanzó 20,6% y la de empleo, 20%, los valores más altos de la serie iniciada en 2016. La actividad incluye tanto a quienes trabajan como a quienes buscan empleo. Entre las personas de 75 años y más, la tasa se redujo a 6,5%. El contraste muestra que la participación laboral disminuye con la edad, aunque no desaparece al llegar al umbral jubilatorio.

Las motivaciones no son uniformes. La necesidad de ingreso puede impulsar la permanencia, pero también influyen el nivel educativo, el tipo de ocupación y la posibilidad física de continuar. El propio INDEC advierte que las credenciales abren oportunidades laborales distintas. Por eso la tasa no debería leerse como prueba automática de bienestar ni de precariedad: describe participación y necesita combinarse con ingresos, horas trabajadas, formalidad y condiciones de salud.

Cobertura sanitaria y causas de muerte

La afiliación al sistema de salud aumenta con la edad y es prácticamente universal entre las personas mayores, con un papel central del PAMI. Cobertura, sin embargo, no equivale a acceso oportuno. Distancias, turnos, medicamentos, apoyos para trasladarse y capacidad del hogar siguen condicionando la atención efectiva. El informe ofrece un punto de partida cuantitativo, pero no sustituye indicadores de calidad y oportunidad de las prestaciones.

Las enfermedades del sistema circulatorio fueron la principal causa de muerte entre mayores: su participación pasó del 26,9% en 2017 al 32,8% en 2024. Ese año, los tumores explicaron cerca del 26% de los fallecimientos de personas de 60 a 74 años, mientras las enfermedades respiratorias ganaron relevancia entre quienes tenían 75 años o más. Son proporciones dentro de las defunciones, no riesgos individuales ni diagnósticos para una persona concreta.

Qué preguntas deja abiertas el dosier

Los datos conectan demografía, hogar, vivienda, trabajo y salud. Su principal aporte es mostrar que “personas mayores” no designa una experiencia única. Una mujer de 78 años que vive sola y alquila enfrenta decisiones distintas de un varón de 62 que trabaja y vive en pareja. Las respuestas públicas necesitan reconocer esas combinaciones en lugar de utilizar solamente la edad como criterio.

El dosier también marca límites. No todas las cifras cubren el mismo territorio ni el mismo período y algunas estimaciones tienen mayor variabilidad. La agenda que surge es concreta: seguir el costo habitacional, medir redes de cuidado, distinguir trabajo elegido de trabajo por necesidad y traducir cobertura sanitaria en acceso real. El envejecimiento ya no es una proyección abstracta; aparece en cómo se organizan los hogares y los servicios hoy.